Historias

Historia 1:

Doce y Pi

Doce era un número muy especial. Era el número de meses en un año, el número de signos del zodíaco, el número de horas en un reloj y el número de apóstoles de Jesús. Doce se sentía orgulloso de ser tan importante y significativo en el mundo.

 

Pero un día, Doce se encontró con un número que no conocía. Era un número muy grande y extraño, con muchos dígitos y decimales. Doce le preguntó:

 

– ¿Quién eres tú y qué haces aquí?

 

– Soy Pi, el número más famoso de las matemáticas -respondió el otro número-. Estoy aquí para enseñarte algo nuevo.

 

– ¿Qué puedes enseñarme tú a mí? -preguntó Doce con arrogancia-. Yo soy el número más perfecto y armonioso que existe. Tú eres solo un número irracional e infinito que nadie puede entender.

 

– Eso es lo que tú crees -dijo Pi con una sonrisa-. Pero hay mucho más en el universo que lo que tú conoces. Ven conmigo y te mostraré.

 

Pi tomó a Doce de la mano y lo llevó a un viaje por el espacio y el tiempo. Le mostró las maravillas de la naturaleza, donde Pi aparecía en todas partes: en las espirales de las galaxias, en las formas de las flores, en las ondas del mar, en las curvas de los arcoíris. Le mostró las obras de arte, donde Pi inspiraba a los genios: en la música de Mozart, en la pintura de Da Vinci, en la poesía de Neruda, en la arquitectura de Gaudí. Le mostró las ciencias, donde Pi era esencial: en la geometría, en la física, en la astronomía, en la informática.

 

Doce quedó asombrado y humilde ante todo lo que vio. Se dio cuenta de que Pi era un número mucho más interesante y misterioso que él. Se sintió pequeño e insignificante en comparación. Entonces le preguntó a Pi:

 

– ¿Cómo puedes ser tan increíble y maravilloso? ¿Cuál es tu secreto?

 

– Mi secreto es que soy un número trascendente -respondió Pi-. Eso significa que no puedo ser expresado como una fracción o una raíz de otro número. Soy un número único e irrepetible, que no sigue ninguna regla ni patrón. Soy un número libre e infinito, que no tiene principio ni fin.

 

– Wow, eso es impresionante -dijo Doce con admiración-. Yo no soy nada de eso. Yo soy un número racional y finito, que puede ser dividido y multiplicado por otros números. Soy un número común y corriente, que se repite y se aburre.

 

– No digas eso -dijo Pi con amabilidad-. Tú también eres un número especial y valioso. Tú también tienes tu propio encanto y belleza. Tú también aportas algo al mundo.

 

– ¿De verdad? -preguntó Doce con esperanza.

 

– Claro que sí -dijo Pi con sinceridad-. Tú eres el número de la armonía y el equilibrio, el número de la perfección y la completitud, el número de la sabiduría y la fe. Tú eres el número que representa el ciclo de la vida y el orden del cosmos. Tú eres el número que une a las personas y las culturas. Tú eres el número que hace feliz a mucha gente.

 

– Gracias, Pi -dijo Doce con emoción-. Eres muy amable y generoso. Me has enseñado mucho y me has hecho ver las cosas de otra manera. Eres un gran amigo.

 

– No hay de qué, Doce -dijo Pi con alegría-. Me ha gustado mucho compartir contigo y conocerte mejor. Eres un buen amigo.

 

Y así, Doce y Pi se abrazaron y se despidieron. Doce volvió a su lugar, pero ya no se sentía tan orgulloso ni tan solo. Se sentía más feliz y más curioso. Se sentía más agradecido y más abierto. Se sentía más completo y más vivo.

 

Y Pi siguió su camino, pero ya no se sentía tan famoso ni tan solo. Se sentía más tranquilo y más acompañado. Se sentía más respetado y más querido. Se sentía más humano y más real.

 

Y así, Doce y Pi se convirtieron en los mejores amigos. Y cada vez que se encontraban, se saludaban con una sonrisa y se contaban sus aventuras. Y cada vez que se separaban, se deseaban lo mejor y se prometían volver a verse.

 

Y cada vez que alguien pensaba en ellos, se maravillaba de lo diferentes y lo similares que eran. Y se preguntaba qué otros secretos y sorpresas escondían los números. Y se imaginaba qué otras historias y sueños podían contar los números.

 

FIN

14 de diciembre de 2023
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